Un corazón manso y humilde

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Pablo Clase Hijo

Jesús conocía demasiado bien que la gente sencilla conecta con la verdad del evangelio, porque Dios da gracia a los humildes, pero resiste a los soberbios. “Te alabo, Padre -dijo-, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste de los sabios y entendidos.

Sí, Padre, porque así lo has querido”. En esta oración, Cristo identifica irónicamente a los líderes judíos, escribas y fariseos, con los ‘sabios y entendidos’ y a sus seguidores con los niños, por su candidez.

No sorprende, pues, que tantos intelectuales, cultos, eruditos y pensantes, no ven a Dios por ningún lado, cuando, en realidad, está en todas partes. Si decidiesen buscar su gloria solo en Dios, que da todos los talentos, cualidades excepcionales, amigos valiosos e incluso bienes materiales, y aun Su propia Presencia, sus corazones recibirían paz continua; en cambio, el corazón orgulloso manifiesta frecuentes arrebatos de envidia y de cólera.

Jesús dijo: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29).

Por Pablo Clase Hijo

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