¿Qué tipos de test hay para detectar el coronavirus y en qué se diferencian?

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La realización de pruebas diagnósticas es uno de los pilares fundamentales de la lucha contra la pandemia de COVID-19. Dentro de estos test, hay dos grupos: los que detectan la presencia del virus en fase activa; y los serológicos, basados en anticuerpos, producidos por el organismo humano cuando se ha superado la enfermedad y el patógeno ya no se encuentra activo. Estas son las principales características de cada uno de ellos:

Pruebas PCR:
La PCR (siglas en inglés de ‘Reacción en Cadena de la Polimerasa’) es el diagnóstico estándar. Se trata de una prueba que permite detectar un fragmento del material genético de los patógenos, en el caso del SARS-CoV-2 su ácido nucleico (ARN), cuya presencia revela la enfermedad en fase activa.

Está considerado como el test más fiable y el prioritario para las autoridades sanitarias. La prueba detecta la presencia del virus a partir de muestras respiratorias tomadas en la zona posterior de la faringe. Si el resultado es positivo, se entiende que existe multiplicación viral, por lo que el enfermo es capaz de contagiar la enfermedad. Solo cuando el resultado de la PCR es negativo, se considera que la persona deja de ser potencialmente contagiosa.

La prueba PCR lleva meses utilizándose y ha demostrado una especificidad y una sensibilidad que no están al alcance del resto. Sin embargo, requiere un equipamiento costoso, personal de laboratorio, reactivos específicos y escasos, además de entre tres y cuatro horas de trabajo. El coste total de cada una de las pruebas puede superar los 100 euros.

Test TMA:
Dentro de las pruebas que detectan la presencia activa del virus, también se encuentran las TMA (siglas en inglés de ‘Amplificación Mediada por Transcripción’). Al igual que los test PCR, hay que extraer una muestra del tracto respiratorio superior mediante un hisopo. La TMA se caracteriza también por su alta especificidad y sensibilidad, lo que hace que sea muy fiable. Además, ofrece resultados más rápido que la PCR: menos de dos horas, pero requiere de una tecnología muy concreta cuyo uso no está extendido. Su precio ronda los 100 euros.

Test rápidos de antígenos:
Estas pruebas diagnósticas, que han mejorado mucho desde aquellas primeras versiones de marzo, están llamadas a convertirse en el complemento perfecto de las PCR, aligerando la carga de trabajo de laboratorios y acortando significativamente los plazos, con un efecto muy positivo en el control de la pandemia.

Quizá la comparación más gráfica sea con un test de embarazo, aunque en vez de orina se analizan muestras extraídas del tracto respiratorio superior. Los test antigénicos se presentan como pequeños dispositivos rectangulares. Mediante un bastón con un hisopo -y en esto se asemeja a las pruebas PCR-, se recoge una muestra del paciente, a partir de la que se podrán detectar proteínas específicas, conocidas como antígenos, que se encuentran en la superficie del virus. Estos antígenos actúan como marcadores, e indican la presencia de una infección activa.

Con estos nuevos test, al igual que sucede con las pruebas PCR y TMA, se detecta a aquellas personas que en ese momento están desarrollando la enfermedad y son infectivas. Así pueden ser aisladas para cortar las cadenas de transmisión. En esto se diferencia de los test serológicos

Pasados unos minutos (aproximadamente quince), el resultado aparece en el mismo dispositivo donde se ha depositado la muestra, que previamente ha entrado en contacto con un reactivo. Como en un test de embarazo, aparece una línea si el resultado es negativo y dos si el resultado es positivo.

Los test rápidos de antígenos tienen un precio de mercado que en principio rondaría los 4,5 euros.

Test rápidos de anticuerpos (serológico):
Estas pruebas se basan en la detección de anticuerpos, que produce el organismo tras haber estado en contacto con el virus. Por lo tanto, revelan infecciones que estuvieron en su momento activas pero ya no lo están. Para llevarlas a cabo, se analiza la sangre, por lo que es necesario obtener una muestra -sirve con una gota extraída del dedo-, mediante la cual se puede saber si el individuo ha desarrollado algún tipo de inmunidad.

No están indicadas para detectar precozmente la enfermedad, ya que comienzan a ser útiles aproximadamente a partir de las dos semanas desde la infección -en algunos casos excepcionales, a partir de los diez días-; el tiempo que tarda el organismo humano en fabricar anticuerpos.

Los test serológicos tienen a su favor dos puntos muy positivos: su rapidez y su precio. El tiempo de diagnóstico aproximado es de diez minutos, mientras que tienen un precio de mercado de entre 4 y 5 euros. Sin embargo, su grado de sensibilidad oscila entre el 64 y el 80%.

Test ELISA (serológico):
Dentro de la categoría de los test serológicos se encuentran también los ELISA (del inglés ‘Ensayo de Inmunoabsorción Ligado a Enzima’), que requieren de laboratorio, por lo que no se trata de una prueba rápida -unas 48 horas-. La muestra se toma extrayendo sangre mediante un pinchazo en vena, más engorroso que hacerlo en un dedo, y a partir de ella se detectan los anticuerpos de tipo IgG e IgM que produce el organismo frente a la COVID-19.

Para localizar a estos anticuerpos, se añade una enzima capaz de provocar una reacción química que muestra un cambio de color característico si estos están presentes, lo que delata su presencia.

Uno de los principales puntos fuertes de estas pruebas es que muestran una elevada sensibilidad y especificidad. La sensibilidad permite identificar como positivos a las personas que tienen el virus; cuanto mayor es esta sensibilidad, más enfermos serán diagnosticados adecuadamente. La especificidad identifica los negativos; cuanto mayor es la especificidad del test, más personas sanas serán diagnosticadas correctamente.

Por ello, los test ELISA tienen un porcentaje de falsos positivos y falsos negativos mucho menor que los test rápidos de anticuerpos. Su precio, eso sí, es también mayor: oscila entre los 50 y los 80 euros.

Test CLIA (serológico):
Los test CLIA (del inglés ‘Enmiendas para la Mejora del Laboratorio Clínico’) son una variante de los test ELISA, con una precisión -sensibilidad y especificidad- aún mayor. Parten del mismo concepto que los ELISA, con la diferencia de que en este caso la enzima acoplada al anticuerpo produce una reacción quimioluminiscente que emite una luz característica, en vez de un cambio de color. Esta técnica de luminometría proporciona una sensibilidad excepcionalmente alta.

Al requerir de laboratorio, tampoco se trata de una prueba rápida -48 horas-. El precio de cada uno de los test oscila entre los 50 y los 80 euros. Fuente

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