“La Biblia y el teléfono Celular”

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Un cordial saludo a todos mi queridos lectores.

Me pregunto qué pasaría si tratáramos la Biblia como tratamos a nuestro teléfono celular. No la dejaríamos en ningún lugar, menos en el carro, iría a todo lado con nosotros. Al restaurante, a nuestro centro de trabajo, a caminar con nosotros, al deporte y a todo lado que vamos.




Es cuento mi propia experiencia, yo fui a visitar a un amigo a su centro de trabajo, el era jefe y me podía atender sin problemas. Llegue y lo salude, me contesto el saludo y pronto se dedico a leer los correos que le habían enviado sin ponerme el más mínimo de atención. Cuanto por unos segundos paro de mirar el celular le dije: Mira cuando tengas tiempo para atenderme y conversar conmigo yo vuelvo. Me despedí y me fui.

Si hiciéramos lo mismo con la Biblia, el mundo sería diferente.

¿Y si la lleváramos a todo lados que vamos, en nuestra cartera o bolsillo? Seria para leerla y encontrar respuesta a nuestras inquietudes.

¿Si la revisamos varias veces el día, como revisamos nuestro celular? No perderíamos ningún mensaje que Dios quiere enviarnos.




¿Si la usáramos para recibir mensaje de texto? Como los que nos mandan a diario.

¿Si la tratáramos como si no pudiéramos vivir sin ella? La llevaríamos a todas partes.

¿Si la ofreciéramos como un regalo? Algunas personas nos lo agradecerían.

¿Y si la usáramos mientras viajamos? Damos ejemplo.

Usa tu Biblia como usas tu celular, no salgas a ningún lado si ella, y no permitas que nadie pero nadie, te trate como un beato, esa es la palabra de Dios y merece respeto.




No la tengas en la mesa de centro como algo que te regalaron hace tiempo y está llena de polvo. Mientras más pequeña es mejor porque así la puedes meter en tu cartera o en un bolsillo.

Los dejo con esta lectura tomada del Evangelio de San Juan, Capitulo 21, Versículo 25, que dice: “Otras muchas cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, me parece que los libros no cabrían en el mundo”.

Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.

Por Ray Ortega

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