Este es el rostro de uno de los abuelos de la humanidad

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Reconstrucción facial de MRD - Matt Crow, Museo de Historia Natural de Cleveland / Reconstrucción de John Gurche.
  • Hallan en Etiopía un cráneo casi completo de un australopiteco de hace 3,8 millones de años, antepasado de la famosa Lucy

Pocas cosas nos acercan más a nuestros antepasados que ponerles cara en un álbum familiar. Lo mismo ocurre con la familia humana. Probablemente, las recreaciones de la famosa Lucy, la pequeña Australopithecus afarensis que ya caminaba erguida hace 3,2 millones de años en Etiopía, han hecho más por popularizar nuestra evolución que la publicación de multitud de intrincados estudios. ¿Acaso no resulta más fácil empatizar con un rostro que, a pesar de las diferencias, muestra una incipiente humanidad? Sin embargo, otro homínido aún más antiguo, Australopithecus anamensis, para algunos el primero que puede considerarse sin ninguna duda parte de nuestro árbol genealógico (aunque en paleoantropología hay casi tantas opiniones como investigadores), ha permanecido hasta ahora alejado de los focos debido a los escasos y poco llamativos restos encontrados.

De ese misterioso pariente, el más antiguo de los australopitecos, apenas teníamos algunos fragmentos de la mandíbula y dientes contados, todos de entre 4,2 millones y 3,9 millones de años. Imposible hacerse una idea del aspecto de su dueño con un puzle en el que las principales piezas están perdidas. Pero, por fin, el esperadísimo hallazgo de un cráneo casi completo de 3,8 millones de años en el área de Woranso-Mille, también en la región etíope de Afar, ha permitido conocer su rostro entero, que se muestra por primera vez este miércoles en la revista «Nature».

El cráneo de Australopithecus anamensis, de 3,8 millones de años, está notablemente completo – Dale Omori, Museo de Historia Natural de Cleveland

Macho adulto

Cráneo de MRD – Dale Omori / Liz Russell / Museo de Historia Natural de Cleveland

El nuevo fósil, desenterrado en 2016 a tan solo 55 km de donde apareció Lucy y bautizado como MRD por las primeras letras de su número de colección, pertenece a lo que parece ser un macho adulto, de pequeño tamaño y claramente bípedo. Fue identificado como A. anamensis por su mandíbula y caninos singulares. Cuando apareció después de quince años de trabajo en el yacimiento, «no podía creerlo, era un momento eureka y un sueño hecho realidad», admite Yohannes Haile-Selassie, paleoantropólogo del Museo de Historia Natural de Cleveland (EE.UU.) y principal autor del estudio. «Sus características más sorprendentes son su pequeño tamaño (unos 20,5 cm de longitud máxima) y la constricción detrás de las órbitas, algo que comparte exclusivamente con A. afarensis. Además, la parte posterior de la cabeza se inclina como la de los simios», explica a ABC en un correo electrónico.

La cara de MRD reúne en un solo individuo una mezcla de rasgos: algunos primitivos, como los caninos grandes y menos incisivos, la nuca inclinada o la mandíbula adelantada -que recuerdan a grupos aún más antiguos como Ardipithecus (4,4 millones de años) y Sahelanthropus (6 millones de años)-, y otros que comparte con homínidos más modernos. Precisamente, los descubrimientos y la asignación como A. afarensis de un fósil de 3,9 millones de años conocido como frontal de Belohdelie, han permitido a los científicos deducir que A. anamensis y la especie de Lucy, considerada tradicionalmente su descendiente, coexistieron en Afar durante un período de al menos 100.000 años. «Esto no falsifica la hipótesis de que uno es el antepasado del otro. Pero su relación no era lineal como hasta ahora se creía (lo que se conoce como anagénesis), sino una escisión (cladogénesis)», aclara Haile-Selassie. El hallazgo cambia la comprensión de los científicos del proceso evolutivo y plantea nuevas preguntas, como si ambos homínidos competían por la comida o el espacio.

Junto a un lago

Haile-Selassie muestra el cráneo – Museo de Historia Natural de Cleveland

Para conocer la antigüedad de MRD se realizó un estudio estratigráfico de la zona, plagado de rocas volcánicas que fueron analizadas a la luz de modernas técnicas de datación como el paleomagnetismo. En los trabajos, que se describen en un artículo complementario en «Nature», participó Luis Gibert, de la Facultad de Ciencias de la Tierra en la Universidad de Barcelona. «Actualmente, la región de Afar es una zona semidesértica, atravesada por varios ríos junto a los cuales hay mucha vida. Situada en el norte del valle del Rift, la actividad tectónica es elevada y hay mucho vulcanismo activo. Hace 3,8 millones de años, la situación pudo ser similar», dice el investigador. La datación no fue sencilla. El yacimiento está en una zona remota que requiere cruzar el río Mille. Durante la campaña geológica de 2017 la intensa lluvia provocó que el ancho del río pasara de 20 a 100 metros, dificultando el trabajo geológico.

«No sabemos si (MRD) vivió exactamente donde fue encontrado, en los sedimentos de un delta que desemboca en un lago. El cráneo pudo ser arrastrado, aunque dado su estado de conservación, no creemos que provenga de muy lejos», señala. El lago de cierta salinidad y de entre 6 y 8 metros de profundidad donde fue a morir el australopiteco «estaba rodeado de árboles, aunque más lejos el ambiente era más abierto y árido, con una vegetación dominada por arbustos, quizás parecida a la actual», añade. A su juicio, «ese entorno pudo ofrecer multitud de recursos para unos individuos que ya caminaban de forma bípeda». Eso sí, los investigadores todavía no saben cuál era su dieta. Para hacerse una idea, deberán tomar muestras de los dientes, lo que requiere un permiso especial del gobierno etíope.

Icono de la evolución

Reconstrucción de la morfología facial – Matt Crow, M.H.N.C.

El proyecto Moranso-Mille es gradioso. Ha recolectado desde 2004 más de 12.600 especímenes fósiles de 85 especies de mamíferos. La colección incluye alrededor de 230 homínidos que datan de hace entre 3,8 y 3 millones de años. Pero no hay nada tan excepcional como MRD. Fred Spoor, del Museo de Historia Natural en Londres y el Instituto Max Planck para la Evolución Humana en Leipzig (Alemania), subraya en un artículo que acompaña los estudios en «Nature» la importancia que un solo fósil puede tener en la paleontología. No tiene duda de que el nuevo cráneo se convertirá en «otro célebre icono de la evolución humana».

Reconstrucción de MRD – Matt Crow, Museo de Historia Natural de Cleveland

«Arroja luz sobre una época fundamental»

«Sí, es un fósil importante porque arroja luz sobre una época fundamental para la evolución humana», reconoce José María Bermúdez de Castro, codirector del yacimiento de Atapuerca en Burgos al ser preguntado por el valor del hallazgo de MRD. «Hay una franja de tiempo, de 7 a 4 millones de años, en la que nos diferenciamos de la geneología de los chimpancés. Sin embargo, sabemos poco de esa época, al final del Mioceno y comienzo del Plioceno, porque entonces África estaba cubierta de bosques y el desierto del Sahara no tenía las dimensiones actuales. Por eso, las posibilidades de hallar fósiles son muy bajas», explica. «Encontrar un cráneo de A. anamensis, especie de la que se conocía tan poco, resulta muy interesante», subraya. «El cráneo tiene un aspecto bastante arcaico, más que el de A. afarensis, pero está más evolucionado que Ardipithecus ramidus y creo que Haile-Selassie ha estado muy acertado en su diagnóstico», opina. Según el paleoantropólogo, MRD no pesaría más que 25 o 30 kilos de peso y sería muy pequeño, parecido a la diminuta Lucy, que apenas superaba el metro. «Caminaba pero también se subía a los árboles, porque sus manos eran prensiles. No creaba tecnología y no hacía la pinza con precisión como nosotros. Entonces la zona era boscosa y es muy probable que se refugiara en el arbolado para evitar a los depredadores», indica. Fuente

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