El político del siglo XXI

0
11

La Romana, RD.- Amén de que nuestra Constitución establece que, esencialmente, las condiciones para ser elegido a un cargo de elección popular, son: ser dominicano, mayor de edad, encontrarse en pleno ejercicio de sus derechos civiles y políticos, y en algunos casos, haber nacido en la demarcación que lo elija, el político debe apoyarse de otras características que lo hagan merecedor de nuestros votos.

En pleno siglo XXI, es una pena escuchar a precandidatos justificar sus carencias en diversas áreas con el famoso, tengo “derecho a ser elegido”, y sí, es un derecho, que en sí mismo entraña una enorme responsabilidad, por lo que, bien debe ir acompañado de un conjunto de cualidades, que respalden al político, sus propuestas y que generen la confianza de creer en el buen trabajo que podría realizar.

Suscribete a nuestro canal de YouTube

Muchas de estas cualidades las hemos observado en líderes como: Barack Obama, Winston Churchill, Gandhi, John F. Kennedy, entre otros, de las cuales quiero resaltar solo 8 que a mi juicio, son indispensables; entendiendo que si bien todas no las podrán tener de forma innata, muchas se pueden trabajar, si existe, verdaderamente, el interés de ser un ente funcional en el cargo que procura desempeñar. Iniciemos:

Liderazgo: Los tiempos del jefe pasaron, ya la palabra de esa persona no es ley, ahora lo que habla son las conductas, por esto el candidato debe ser líder, atraer con sus cualidades a las personas para que lo sigan, que sean ellas quienes hablen de los valores que posee el líder, partiendo del entusiasmo y bienestar que les produce trabajar con él, que sean estas personas su carta de presentación en cualquier escenario.

Preparación académica: Los cargos políticos no son para improvisar. Sí, muchas cosas se aprenderán en el camino, pero el político debe conocer las obligaciones que entrañan su cargo, para no desvirtuarlas. Su preparación debe abarcar aspectos como la oratoria, la comunicación, conocimiento de la Constitución, las normas que regulan el cargo al que aspira, y todas aquellas relacionadas con sus funciones, economía, administración de personal, gerencia, entre otras.

Transparencia: El político debe saber que su gestión debe ser transparente, permitiendo el acceso a la información sobre sus trabajos, a los fines de mantener una relación de confianza entre él y los ciudadanos que lo han elegido y como antídoto para la corrupción política.

Empatía: Fundamental en estos tiempos, y no estoy hablando de convertirse en payasos cuando se encuentren en público, aspecto que muchos han confundido, se trata de generar ese sentimiento de comprensión, solidaridad, respecto a la situación que se presenta, proponiendo soluciones a ese problema. Captar los sentimientos del pueblo es la clave, no mostrarse indiferente.

Estabilidad emocional: El político debe saber controlar sus emociones, no puede hacerse reo de la ira, la fantochería, el ego, pues el escenario político presenta situaciones que envuelven muchas pasiones; mantenerse sereno y equilibrado, marcará la diferencia, pues muchos estamos observando y no dejaremos en manos de una persona inestable la toma de decisiones que involucran a una nación.

Amor: El político debe amarse a sí mismo, a su familia, y a su pueblo. Esta cualidad es el pilar para todas las demás. Quien siente amor por él y por suyos, no tendrá deseos de dañar, se regirá por la ley de oro: “No hagas a los otros lo que no quieres que te hagan a ti”.

Credibilidad: Importantísima cualidad, una vez perdida, es muy difícil recuperarla. En este punto, llamo la atención de la población, basta de justificar a corruptos con el famoso: “bueno, hizo mal, pero por lo menos…”, el descrédito en la política solo se podrá superar cuando votemos por personas con credibilidad, y para ser un político creíble, su vida debe exhibir cierta coherencia en pensamiento, palabra, obra y omisión. ¿Por qué elegir una persona incoherente, que no actúa conforme lo que predica?

Conciencia: Conjuntamente con esta cualidad, me gustaría englobar la firmeza, que si bien es una característica que nosotros no podremos observar, le toca al político evaluarse y reconocerse como una persona firme y consciente o como un pusilánime. En ese reconocimiento, aceptar que postula por una función temporal, que deberá abandonar llegado el momento, especialmente si no cumplió con mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, en cualquier aspecto; entender que no es una función que le viene por linaje, que dicho cargo no es una empresa familiar, donde sus descendientes deben dar continuidad a lo que bien o mal, haya hecho.

Por Claudia De Aza

Si desea recibir las noticias de Quisqueya Informativa vía Whatsapp abra este enlace https://chat.whatsapp.com/Et2rIqnFkXxHFJuQ5xYJsd Solo noticias. No chat.

Deja un comentario