El derrumbe de las estructuras

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Yvelia Batista

A propósito de la pandemia del COVID19 se han abierto muchos debates económicos, en lo relativo al sostenimiento del capital de trabajo, de la macroeconomía, de la estabilidad cambiaria, del futuro sostenimiento del turismo frente a las riesgosas condiciones sanitarias y claro, estos debates han tenido como común denominador, la salud, las condiciones sanitarias y su hegemónica primacía frente a la economía, la educación y las demás estructuras que para nosotros parecían imprescindibles e insustituibles, incapaces de suspenderse o modificarse.

Lo cierto es, que la pandemia del COVID19 ha derrumbado múltiples estructuras sociales y económicas. Estructuras creadas a partir de la incertidumbre natural del ser humano ante lo desconocido. El sistema capitalista, acumula dinero sin límite para enfrentar la escasez o la crisis, originada básicamente por el propio sistema capitalista. Es como si el miedo llamara al miedo. Súbitamente, los grandes capitales se han tenido que movilizar hacia las ayudas sociales y sus correspondientes reformas. Un espaldarazo a la socialdemocracia.

Se ha demostrado, además, que las estructuras de trabajo presencial no son imprescindibles. Países como Suecia y Finlandia, ya se habían movilizado hacia el teletrabajo o trabajo desde casa, pero no todos los demás países habíamos tenido esa suerte. Afortunadamente, el COVID19 ha demostrado que no es imprescindible el trabajo presencial, que muchos padres pueden permanecer con sus familias y ser igual de productivos. También ha demostrado que el teletrabajo ahorra energía, maximiza recursos, disminuye el tráfico vehicular (taponamiento) y con esto, se disminuyen también las emisiones de monóxido de carbono hacia la atmósfera.

La educación tradicional: otra estructura en declive. La pandemia ha demostrado que la educación tradicional no es necesariamente la más correcta. Por el contrario, ha descubierto que los niños pueden aprender desde casa, con la ayuda de la tecnología, pero también con el sentido común. Es más fácil enseñarle a un niño sobre la fuerza y el movimiento, botando la basura, ayudándole a cortar una manzana, subiéndolo a un árbol; es más fácil enseñarle sobre los animales observando los árboles, las plantas, viendo un pajarito o un gusano en la tierra. Es más fácil enseñarle a medir, midiendo su cama, su mesa o cocinando una receta. Los métodos de educación formal o tradicional son cada vez más criticados y tildados de inoperantes.

Las religiones -perdónenme los religiosos- y con mucho respeto a las creencias de cada uno, la religión es otra estructura en decadencia. La espiritualidad no necesita de un templo, de un oficiante, de un ramadán o de una peregrinación a un lugar sagrado. La espiritualidad está en cada uno de nosotros, en nuestra conciencia, en nuestro espíritu, en nuestra alma o como usted le quiera llamar. Quien está esperando acudir a una estructura para ejercer su espiritualidad, pues sencillamente no la conoce, no sabe lo que es. Mucha gente al verse cohibido de practicar su religiosidad ha optado por ejercer prácticas espirituales que alimenten su espíritu y su ser. Ahí está Dios, dentro de ti.

El matrimonio. Como tal, la institución del matrimonio desde hace tiempo había sufrido muchas bajas, pero ahora más. La cantidad de divorcios, violencia intrafamiliar, maltratos en la pareja y a los niños, ha aumentado exponencialmente en esta cuarentena. Señores, el matrimonio no es un boleto de entrada al amor, no es la panacea y no es la garantía de la felicidad. Es solo una estructura social y religiosa. Si ambos tienen el don, de vivir juntos la vida entera, de ser la mitad y complemento del otro, de ser en sí mismos una sola carne, ¡perfecto!; pero la institución no garantiza eso, debe surgir desde dentro de cada uno y ser un verdadero don de Dios, recibido previamente por ambos de forma consciente.

Las grandes marcas y el consumismo. Otra estructura en la cuerda floja. Alessandro Michele de Gucci, ha propuesto modificar el concepto de las temporadas y disminuirlas a solo dos por año. Esa decisión se contempla a partir de una caída del 15% de los beneficios del Grupo Financiero de dicha marca. Las demás grandes marcas igualmente han tenido pérdidas. Al final, éstas subsistirán y el consumo volverá a su normalidad, pero se ha comprobado que no son necesarias. Ante la inminente situación sanitaria, nadie esta pensando en comprar un producto de lujo o exclusivo, no son necesarios. De hecho, sobrevivimos con lo básico de manera muy digna.

La que es una verdad de Perogrullo, es que no podemos vivir uno sin el otro, que el aislamiento es una condición antinatural para el ser humano. La familia y los amigos, -sea que usted viva solo, este separado, casado o en unión libre-, son necesarios para una vida sana. El ser humano no se hizo para vivir aislado de los demás, hasta la sonrisa de un desconocido es valiosa y necesaria. El amor, es lo único imprescindible y necesario para el ser humano. SIN

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