El delito de andar sin una tarjeta de vacunación

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Pedro René Almonte Mejía

Cada día trae consigo una enseñanza; trae alguna novedad de la cual sacamos algo que aprender; cada día viene con su propio afán y el afán es distinto, como distintos son los días. Hay días buenos , malos y regulares , pero la obligación nuestra , de los que tenemos la suerte de estar vivos , es aprender de cada experiencia vivida y siempre ver el lado bueno de las cosas , porque aunque parezca mentira , todo tiene algo de lo que se puede sacar algo positivo . De hecho, a veces nos ocurren cosas para que en lugar de aprender; tengamos que  desaprender lo que mal aprendimos, borremos las huellas del camino y tracemos una ruta diferente hacia la meta que queremos llegar.

De hecho, los dominicanos estamos viviendo algo insólito; tal parece que se nos olvidaron las  tantas luchas libradas por este pueblo quisqueyano. Esta media isla que  para ser una República tuvo que coger y darse fundazos con España, Haití y hasta con Estados Unidos (los gringos), pero parece que todo eso lo olvidamos o han hecho que se nos olvide; incluso nos han bombardeado tanto con los extranjerismos que ya el dominicano de hoy casi perdió su identidad, y  la mitad de la población lo que quiere es encontrar la forma para largarse. Asimismo, ocurrió  lo que jamás pensé se atreviera hacer gobierno dominicano alguno después de la muerte de Trujillo. Pues sí , un día nos despertamos , a levantar este país muy  a costa del gobierno que tenemos y entonces, llevar una tarjeta de vacunación era más importante que llegar  a tu lugar de trabajo ; llevar una tarjeta de vacunación era más importante que entrar a la universidad para capacitarte ; llevar una tarjeta de vacunación era más importante que comprar los alimentos en el supermercado ; llevar una tarjeta de vacunación era más importante que entrar a cualquier lugar de esparcimiento ; llevar una tarjeta de vacunación era más importante que pagar los servicios , más importante que entrar a una entidad bancaria . Un día amanecimos presos de una tarjeta de vacunación, e impedidos de caminar libremente por las calles y lugares de nuestra nación, sólo porque al presidente de turno se le ocurrió que sin esa tarjeta de vacunación no seriamos ciudadanos de la República Dominicana. Lo peor del caso es, que por un lado me encontré a dominicanos sumisos y obedientes a una disposición irracional y violatoria a la constitución de nuestro país; es como si el que no tiene una tarjeta de vacunación perdió de un día para otro, todos los derechos con los que nació por el simple hecho de ser dominicano.

Por el otro lado, los generadores de opinión, evidentemente comprados por el gobierno, aplaudiendo como focas una medida que más dictatorial no puede ser. En tal sentido, he reflexionado en todo esto y me di cuenta que el gobierno puede hacer con los dominicanos lo que se le antoje; pueden poner el galón de gasolina a 300 pesos; pueden darnos apagones las 24 horas del día; pueden poner la libra de pollo a 150; la delincuencia puede seguir apoderándose de las calles;  pueden hacer lo que quieran y simplemente el dominicano hará un meme y se reirá de su mala suerte.   Por todo lo antes escrito, estoy seguro que Trujillo y Balaguer estuvieran riéndose a carcajadas si les hubiese tocado gobernar al dominicano de hoy.

Finalmente, lo que cabe decir es que Duarte, Sánchez, Mella y Luperón estuvieran sorprendidos con la capacidad de aguante del dominicano contemporáneo, y a la vez sentirían mucha vergüenza de lo que nos hemos convertido, como país, como nación y como ciudadanos. ¿Qué más nos queda por soportar?

Por Pedro René Almonte Mejía

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