Ejercicio parcial de la autoridad

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La informalidad, con ilegalidades incluidas, cobra formas trágicas y de degradación urbana cuando disemina sobre el país el “derecho” a construir sin someterse a reglas que garanticen resistencia en las estructuras al ser levantadas y después habitadas.

El desplome con víctimas mortales y de heridos recién registrado en el centro mismo de Santiago solo podía ocurrir por la debilidad de inspecciones para detectar obras irregulares y aparatosas, visibles a todo el mundo en una ciudad importante.

Lo demás se explica por sí solo: muchos espacios urbanos y suburbanos suelen estar por doquier a disposición de las manos más atrevidas al pegar bloques para armar lo grande o lo pequeño bajo poca impedimento a la carencia de diseños correctos o a la muy baja calidad de materiales.

La aparición de arrabales en ciudades tiene a su favor el escaso efecto de mecanismos que pongan orden sobre el uso de terrenos.

Tan descompaginado está el país en esa materia que en contraste con la utilización irresponsable y transgresora de varillas y cemento permitida, de otro lado se reportan rigideces y lentitudes que torpedean inversiones cuando se trata de autorizar proyectos importantes, a veces de cientos de millones de pesos y que garantízan progreso y desarrollo.

Cuando ciertas autoridades se “esmeran” en estudios y comprobaciones para dar el visto bueno, cualquier tortuga las superaría en velocidad.

A medir bien todos los riesgos

El menor registro de homicidios en el último año no certifica que las autoridades logran un mayor imperio de la ley en campos y ciudades. Es mera atenuación de la violencia social con la misma persistencia de los feminicidios, entre los índices mas altos del mundo.

Los asesinatos horrendos, violaciones de domicilios y atracos a mano armada siguen mostrando gran incidencia.

Las raterías y las incursiones fuera de control de una infame “caballería” de salteadores de camino que sustituyen a los equinos con motocicletas, sigue a la orden del día; resonantes e impunes enemigos de los bienes y la paz de los ciudadanos.

La realidad de los riesgos que se corren en calles y hogares no debe aparecer como de menor dimensión. Cuidado con hacer creer a la gente que las principales causas de inseguridad disminuyeron.

Cortesía

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